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Los primeros coches en Valencia

Los primeros coches en Valencia convivieron con carruaje, carros y tartanas, con algún que otro conflicto.- En el siglo XVIII se instauró una normativa de conducción que castigaba con presidios en África si se infringía dos veces

– Aparcar mal en la ciudad de Valencia podía suponer en 1584 la excomunión general
Los primeros propietarios configuraron un selecto y privilegiado grupo entre cuyos componentes no faltaban las familias más conocidas de la ciudad en diversos ámbitos, desde los Trénor al Marqués de Caro. Tener un coche no sólo requería una gran admiración por la tecnología punta. También precisaba de un bolsillo pudiente. Era una Valencia de contrastes. La aparición del automóvil se desarrollaba en una sociedad en la que el 35 por ciento de los valencianos eran analfabetos.
Llegan los coches a Valencia a comienzos del pasado siglo;  la primera matriculación se produjo el 30 de abril de 1902, cuando Francisco Garcés registró su Peugeot. Para entonces ya estaba operativo el Reglamento para el Servicio de Coches Automóviles por las Carreteras del Estado, del año 1900.
Los vehículos particulares no podían exceder los 28 km/h y los de servicio público los 25. En las travesías, los ‘escalofriantes’ límites de velocidad se reducían a menos de la mitad. Si te pillaban dos veces circulando a más de 12 km/h en una población podías despedirte de tu permiso. Este reglamento se iría revisando en sucesivas fechas -1907, 1918, 1926, 1928- para ponerlo tanto en sintonía con los avances tecnológicos y la multiplicación de vehículos a motor como con las normas internacionales. Sin embargo, es en 1934 cuando se realiza el primer y más longevo código de circulación, del cual siguen vigentes unos pocos artículos en las remodelaciones efectuadas durante las últimas décadas. Y de aquellos días, a los nuestros.

 

La Exposición Regional Valenciana de 1909 catapultó la fama y pasión del automóvil al organizarse la Gymkhana o prueba  automovilística ideada por el marqués de Benicarló, presidente del ya constituido Real Automóvil Club, además de una caravana en la que participaron 39 vehículos.
 Con la comercialización de los automóviles aparecieron los primeros concesionarios. Desde la mítica Ford, Chevrolet, e incluso  el representante para Valencia de motocicletas Harley Davidson, Voiturette y Bignan.

 

 Pronto surgieron los primeros garajes y talleres especializados en carrocerías, así como los automóviles de alquiler que aparecieron en la década de los 20. En los patios donde se colocaban las tartanas y carruajes al servicio de las familias más pudientes, se vio como, paulatinamente, los antiguos carruajes de tracción animal eran desplazados por el automóvil convertido en signo de prosperidad.

Tartanas, carros y carruajes impulsados por tracción animal, convivieron con automóviles desplazados por un ruidoso motor, en la locura automovilística de esos primeros años del siglo XX.

condcir en valencia, 1931

1931. Plaza de Emilio Castelar. Al fondo la calle Correos y de las Barcas (imagen http://juanansoler.blogspot.com.es)

Algunas sanciones ejemplares
Dejando atrás nuestro actual sistema del permiso por puntos, si hablamos de sanciones ejemplares, hay que remontarse algo más de cuatro siglos. La falta era mucho más grave que la de aparcar en el carril bus por la noche. Corría el año 1584 cuando, bajo el impulso del arzobispo de Valencia San Juan de Ribera se dictaminó la excomunión mayor a todo aquel que circulara o estacionara su carro en el recorrido de las más solemnes procesiones entre el mediodía y el anochecer.

 

También en Valencia, en marzo de 1772, se publicaron ciertas órdenes dictadas en Madrid por su Majestad sobre «el modo y forma que deben ir  los coches, galeras y demás carruajes, para evitar las desgracias, y perjuicios». El asunto afectaba a la ubicación y el número de conductores de los carros, causa de diversos atropellos. Saltarse una vez la nueva orden acarreaba una pequeña multa económica al propietario del carro y 30 días de cárcel. La segunda infracción se sancionaba con cien ducados a los dueños del vehículo y con cuatro años en un presidio africano. Para evitar que los infractores se ampararan en el desconocimiento se emitía un bando que se exponía impreso en diversos edificios públicos.

Gasolina en latas

Las gasolineras también tardaron mucho en aparecer, más de lo que pueda pensarse. Hasta la década de los 20 la gasolina se vendía en latas y garrafas. No sólo en los primeros talleres, también en ferreterías y farmacias. Aquellos recipientes se convertían en bombas de relojería que causaban no pocas desgracias. Ya en los años 30 del pasado siglo el coche tiene mayor presencia en nuestra ciudad y empiezan a aparecer las primeras estaciones de servicio.

Lógicamente, los vehículos se lavaban a mano. Los precedentes de los túneles de lavado deben asociarse a los primeros garajes que incorporaban también un servicio de mantenimiento técnico. Existen discrepancias al respecto, según algunos especialistas habrá que esperar hasta 1940 para que aparezca, en Hollywood, el primer túnel de lavado semiautomático.

Fuente: Las Provincias